Hay momentos en la vida en los que te encuentras con un libro en el que ves algo especial que no sabes explicar muy bien lo que es. A veces eso ocurre con un solo libro de un autor, y luego lees otra de su obra y echas de menos eso que te removió en el primero. Pero hay otros en los que sientes lo mismo con el segundo, y con el tercero. Puedes apreciar diferencias, evolución en la escritura o en la manera de narrar la historia, pero hay algo que se mantiene inamovible: El alma del escritor.

      Conocí la obra de Nieves Mories leyendo La chica descalza en la colina de los arándanos para los premios Guillermo de Baskerville de Libros Prohibidos y el flechazo fue instantáneo. Sentí que había algo especial en ese libro, algo que cuesta mucho encontrar. Y pensé en adentrarme más en el universo de Nieves Mories. Leí Agnus Dei y tras ellos Asuntos de muertos. Son tres maravillas de la literatura, cada una con sus características, pero todas ellas comparten una misma alma que la hacen especial. Empecé a ver rasgos similares entre ellos, análizando en profundidad las obras. 

      Se pueden decir muchas cosas de las obras de Nieves Mories: hablar de que es imposible que te dejen indiferente, de su forma de escribir o de las sensaciones que produce. Este artículo monográfico lo he dividido en tres apartados que considero esenciales para entender los mundos de Nieves Mories. Son apreciaciones muy personales, pero es que también lo es la escritura de Nieves. Te remueve por dentro, te araña el alma, hace que sangres y consigue que le acompañes en su mundo, aún sabiendo que el viaje duele. Porque los libros de Nieves son un placer muy especial, el placer que nace del dolor.

Sus personajes: Mujeres que sufren y reaccionan

      Cuando comienzas a leer cualquiera de los libros de Nieves Mories te encuentras con una protagonista femenina que sufre. Es un sufrimiento muy profundo, de alma. Sientes una empatía casi instantanea al notar su dolor tan hondo. Pero estas mujeres no toman el papel de víctimas ante ese sufrimiento, sino que se revelan y reaccionan. Y ese es uno de los puntos en los que la autora juega con el lector. Una vez ha logrado la empatía lo lleva a unos lugares muy incómodos, a veces a rastras, para enfrentarnos a ese dolor y a sus consecuencias.

      En La chica descalza de la colina de los arándanos Nieves nos pega un martillazo en la cabeza. Literal. Bueno, se lo pega a la protagonista, pero es la manera en la que nos introduce en su novela. Y claro, cómo no vamos a sentir empatía por una mujer que acaba de ser asesinada (no es spoiler, es el comienzo del libro). Pero nos sitúa ahí, al lado de la chica, y comenzamos a ver sus reacciones. Nos habla del perdón, de la venganza y del miedo (tanto sufrido como causado). También nos habla de la mente. En el fondo nos lleva a rincones muy incómodos de nuestra alma lectora y los returce. Pero lo hace manteniendo un equilibrio muy frágil, aquel en el que podemos ser testigos de momentos muy duros sin perder del todo la empatía por la chica, aunque sí llegue a tensar mucho la cuerda de manera muy consciente.

      En Agnus dei nos encontramos con otra mujer en un momento muy crítico. Su madre está moribunda en un hospital, y pese a la mala relación que mantenían decide acompañarla en sus últimos momentos. Nieves nos lleva de la mano a conocer a esta mujer, a entender su sufrimiento durante su infancia con aquella madre. Nos sentimos identificados con ella, sentimos pena y dolor por ella. Y Nieves sabe muy bien que estamos sintiendo eso, porque llega un punto en el que muchas cosas cambian y vemos otros aspectos de aquella mujer que ya no nos son tan cómodos. Pero no podemos olvidar lo que hemos sentido por ella, con lo que juega a que sintamos empatía por lo terrible. A partir de ahí nos transporta a un mundo muy diferente, a una oscuridad cruda, salvaje y desconcertante. Esta autora tiene una habilidad muy especial para tratar la psique humana. Me recuerda la sensación de cuando ves un cuadro de Pollock: fascinante, doloroso, inquietante.

      En Asuntos de muertos repite esa misma estructura de mujer sufriente y herida, llevándola a unos extremos impresionantes. Volvemos a conocer la estructura dañina y tóxica de una de las entidades que más daño hace a la psique humana: La familia. Es cruda, es salvaje, es oscura, como lo es la propia Victoria, la protagonista de Asuntos de muertos. Y ella, Victoria, sabe que es así. En este libro el alma del personaje y lo que le lleva a su manera de ser es mucho más poliédrica. Vuelven los factores de la madre, el padre y la hermana, cada uno a su manera, pero también hay factores externos que llevan a Victoria a su estado. Pero ella no se mantiene en un rincón compadeciéndose, sino que reacciona y ataca. Muerde, golpea, daña. Victoria, hasta ahora al menos, es la sublimación del concepto de personaje de las novelas de Nieves Mories. Mujeres que sufren y también dañan, mujeres que no se quedan calladas ante el dolor y mujeres arrastran al lector a los rincones más oscuros de su alma para asomarse al abismo. 

portada de la chica descalza en la colina de los arándanos de nieves mories

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Lugares que respiran, se contaminan y enferman

      Los escenarios donde ocurren las novelas de Nieves Mories no son simples decorados, no son el fondo sin más de una historia. Los lugares en las novelas de esta autora son un personaje más de la historia, y cobran un gran protagonismo. Hay momentos en las casas recuerdan a la magnífica La maldición de Hill House de Shirley Jackson. Son lugares manchados y que manchan. Son lugares con una historia que arrastra a sus habitantes.

       La casa de La chica descalza en la colina de los arándanos es un ser tóxico que respira y que trata de esconder sus secretos. Si no has leído el libro puede parecerte algo exagerado, pero es así. Nieves no es de las autoras que se regodea en mil detalles sobre el estado de la casa y su estética. Da unos brochazos muy certeros para que en tu mente construyas la casa, pero sobretodo te arrastra a ella para que la sientas. La casa no solo se mira, se sufre.

      En Agnus dei tenemos dos grandes escenarios: El hospital y el colegio de la infancia de la protagonista. Pueden parecer dos lugares más o menos comunes, sin más pretensiones. Es más, no llega a describirlos casi. Pero a medida que vamos avanzando en la lectura descubrirmos sus rincones oscuros y sus secretos. Y dichos secretos están unidos a la mente de la hija. Ya no apreciamos estos lugares como lo que son, sino como los ve ella, y cómo los siente. Y entra un doble juego en el que el lugar alimenta a la mente de la protagonista, y la mente amplifica el lugar. Y juntos, lugar y mente, nos empujan al abismo.

      Por último tenemos la casa de la familia en Asuntos de muertos. Aquí deberíamos hablar de la casa en dos aspectos. Por un lado está la habitación que crean para el negocio familiar (que no detallaré para que te animes a leerla si no lo has hecho ya), pero por otro lado está el resto de la casa. Esta casa es el reflejo perfecto de la familia. Uno se podría preguntar qué llegó primero, la decadencia de la casa o la decadencia de la familia. Pero el alma de la casa está manchada por cada echo de la familia. La bañera, las paredes, las tijeras, un cenicero, todo está marcado por la familia. Y de nuevo nos la describe a retazos, como el número pintado en la puerta, las paredes,… Es un escenario que se siente, que aprisiona y angustia. Si la cara es el espejo del alma, la casa es el reflejo de sus habitantes.  

portada de agnus dei

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Nieves Mories, la mujer que te desgarra con guantes de seda

       Llegados a este punto puedes pensar que estas características no son tan diferentes de las de otros muchos autores. Y en parte puedes tener razón, o no. Pero me queda por analizar un tercer aspecto que hace de Nieves Mories una escritora única: su escritura. Como ella misma me comentó en una entrevista que le hice hace un tiempo la forma es igual de importante que el fondo. No se trata solo de lo que ella nos cuenta, si no de cómo nos lo cuenta, de su extraña belleza. Nieves Mories me recuerda a la letra del gran Aute en su canción La belleza:

Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo,
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza.

      Cuando te adentras en los mundos de Nieves Mories sabes que vas a encontrarte dos conceptos que parecen antagónicos en teoría, pero que encajan a la perfección en su literatura: La oscuridad y la belleza. Juega con nuestras mentes, con nuestros sentimientos y con nuestros instintos. Y como lector eres consciente de ello, pero te sorprendes admirando la belleza de la narración de un hecho terrible. Y lo disfrutas, lo paladeas, y hasta te sientes sucio por hacerlo. Sabes que no está bien, pero a su vez sientes un placer enorme por degustar cada palabra.

      Ocurre en todos sus libros, pero para mí la mayor demostración de la maestría de Nieves conjugando ambas cosas es su última obra, Asuntos de muertos. Creo que tengo hojas y hojas de apuntes de frases, de detalles, de sentimientos que me causó este libro. Hay escenas que te apetece parar de leer, cerras los ojos y aplaudir a la autora por lo que te está mostrando. En otros momentos la odias, porque te odias a ti mismo sintiendo placer mientras lees algo desgarrador.

      Hay una escena que seguro recordarás si has leído Asuntos de muertos. No entraré en detalle para no estropearla a quien no lo haya leído, pero diré que están involucradas una madre, un bebé, una bañera y unas tijeras. Ya solo con estos ingredientes pone los pelos de punta, pero leyéndolo es aún peor. Y a su vez, es una de las escenas narradas de manera más poética y “bonita” que recuerdo. Y te duele. Te duele en el alma. Y Nieves lo sabe, y te abre la puerta para que te asomes a tu dolor.

      Porque si te asomas a los mundos de Nieves Mories sabes que acabarás herido. Sus lecturas dañan, desgarran, te arrastran y te revuelcan. Y como lector vuelves y le pides más. Sabes que en cuanto abras un libro suyo te vas a asomar a un lugar oscuro y dañino, pero no solo por ella si no porque te abre las puertas de par en par a tus propios fantasmas. Pero lo hace con guantes de seda, con una maestría envidiable si alguna vez te has animado a escribir. Combina el dolor con la hermosura de las formas y te hipnotiza. Esta belleza te permite mirar de frente a momentos horribles y disfrutarlos.

      Y cuando acabas uno de sus libros le pides más, necesitas volver a leerla. Porque te lleva a lugares muy complejos mientras te enamora con sus formas. Le das las gracias por las cicatrices que te ha causado y te vas curando mientras esperas ansioso su próxima obra.

Portada de Asuntos de muertos

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      En resumen los mundos de Nieves Mories tienen tres patas fundamentales: mujeres sufridoras pero reactivas, unos lugares con alma y una poesía en sus palabras cuidada y única. Este juego a tres bandas permiten decir que los libros de esta autora son únicos e inconfundibles. Tiene un sello propio muy marcado, una personalidad inconfundible y envidiable.

      Volviendo a los versos de Aute, reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo. Nieves es ella misma en sus libros. Vierte su alma en ellos, nos permite visitar su alma plasmada en papel, y además nos la decora para que disfrutemos mientras la degustamos. Ella es consciente de que sus libros duelen, porque a ella misma le duelen al escribirlos. Y nosotros como lectores sabemos que nos doleran, pero nos prestamos a ello gustosos. Y mostramos con orgullo las heridas que nos dejan. Porque sus libros son de difícil clasificación. Porque sus libros son un género en sí mismo. El género Nieves Mories.

      Gracias por tus libros, Nieves. Gracias por escribir. Gracias por mostrarnos tus mundos. Gracias por mis heridas en el alma. Gracias.