Cierro la puerta de mi pequeña casa y me dirijo al coche que tengo aparcado en el jardín. Los barrios residenciales tienen muy mala fama, incluso los llaman despectivamente Sprawl. Pero mi trabajo requiere mucha confidencialidad, y en mi urbanización nadie se mete en la vida de los demás, incluso nos cuesta poner cara a los vecinos. Mientras recorro las eternas calles de viviendas clónicas, pienso en mi destino, el barrio financiero de la ciudad. Hoy es el día en el que finaliza mi trabajo, tras semanas de preparación.

           Llego a la autopista cuando el sol comienza a salir. Aquella recta infinita siempre me había parecido insufrible. Pese a sus cinco carriles, si llego a salir media hora mas tarde, me hubiera atrapado el terrible atasco de cada mañana. A lo lejos comienzan a divisarse los primeros edificios de ladrillo. Hubo una época en la que viví allí, pero el ambiente era deprimente. Cuando comenzaron a cerrar las fábricas del acero, la zona se fue degradando hasta tal punto, que hoy en día es raro el noticiario que no habla de un derrumbe en la zona. La droga y la delincuencia campa a sus anchas, por mucho que la presencia de la policía sea constante.

       Mi mente me devuelve a la realidad cuando al cruzar el río comienzan a crecer a mi alrededor las lujosas torres de oficinas del distrito financiero. El contraste es total entre un lado y el otro del río. A un lado los ruinosos bloques de ladrillo, al otro el acero y el vidrio dan forma a sueños de arquitectos de lujo. Cada empresa compite con su vecina en forma e imagen. Su edificio es su carta de presentación. Al llegar a la plaza central, me dirijo a la única torre de hormigón, el parking en bloque mas grande de la ciudad. Treinta pisos dedicados íntegramente al aparcamiento. Tras subir por una rampa eterna, llego al piso veinte, a la plaza que había ocupado con unos conos ayer para que nadie la usara. Salgo del coche y saco mi bolsa de deporte del maletero. Monto las distintas piezas de metal de mi herramienta de trabajo de forma mecánica y comienzo a mirar al exterior. Mi vista se centra en la puerta del vestíbulo de la torre Search. Puntual como un reloj, el Presidente sale en busca del mejor café de la ciudad, situado al otro lado de la plaza. Respiro hondo. Con un simple movimiento de dedo, mi trabajo finaliza. Para cuando las sirenas de la policía bajan por la avenida, mi coche cruza de nuevo el río, camino al sur, camuflado entre los miles de coches que se dirigen a la zona industrial.     

        En este pequeño relato he tratado de viajar por las distintas zonas de una ciudad. Podría ser una ciudad cualquiera de hoy en día, dado que su estructura se está homogenizando mas que nunca. Pero las ciudades no son entes inamovibles, no tiene por qué ser un simple escenario donde ocurre la acción. Puede condicionarnos la historia, y en los siguientes puntos trataré de explicar distintos enfoques para que la ciudad aporte un plus a tu relato.  

1.- Origen de la ciudad:

        Una ciudad no es un ente que surge de la nada, y no estoy hablando del origen mítico de las ciudades (que daría para otro artículo hablar de Rómulo y Remo por ejemplo). Nace como un conjunto de viviendas que va creciendo gracias a su situación física, política, económica,… Cuando se narra una ciudad, se suele caer en el fallo de tratarla como un espacio físico del momento, pero sin ningún guiño al pasado. Si viajamos por cualquier ciudad europea, por muy moderna que sea, siempre hay un espacio para su pasado. En sus calles se lee el pasado, y todo está impregnado de historia. La propia estructura de calles viene muy condicionada por la historia (los diseños de las calles medievales, la huella que dejaron las murallas en la estructura de la ciudad).

       Pongamos por ejemplo Vitoria. Es una ciudad que ha ido creciendo mucho en las últimas décadas. Tiene grandes avenidas, es ejemplo de sostenibilidad, pero a vista de pájaro podemos ver sin ninguna duda cual es el origen de la ciudad y su estructura en forma de almendra sobre una colina. Es una ciudad que está modernizándose, pero sin olvidar su pasado. Como ejemplo de ello, la restauración de su catedral de Santa María. El poder visitar las obras de restauración ha permitido vivir su historia. No es casualidad que Ken Follet la haya visitado en varias ocasiones para documentarse de cara a escribir Un Mundo sin Fin. Una ciudad no se entiende sin su pasado, aprovechemos ese pasado para nuestro beneficio.

2.- El centro de la ciudad:

        El centro de la ciudad ha ido evolucionando a lo largo de los siglos. Si nos vamos a la cultura griega, el centro podría considerarse el Ágora. Así como en su origen estaba unido a los ritos religiosos y a la cultura, el ágora fue tornándose centro comercial y económico. No puede entenderse la creación de las Polis sin la estructura de ágora. Puede verse como un paso hacia la democratización de la ciudad, ya que antiguamente no era necesario que se reuniera la gente, ya que las decisiones las tomaban los monarcas.

        Si viajamos de Grecia a Roma, podemos ver cómo el centro de la ciudad pasa al Foro. Podría entenderse que se trata de un espacio parecido al Ágora romana, pero mientras en el ágora se daba conciencia al ciudadano, en el foro fue transformándose para dar forma al Estado. Y poco a poco esas diferencias fueron creciendo, cuando en el Foro Imperial lo económico fue relegado a un segundo plano para dar importancia a la grandeza del imperio. En resumidas cuentas, en el ágora el centro era el ciudadano, mientras que en el foro (y principalmente con su evolución) el centro era el imperio. Como puede verse, en un espacio público se plasma la filosofía política del lugar.

        En las ciudades de hoy en día podemos diferenciar tres tipos de centro (que no son excluyentes, ya que muchas veces se pueden encontrar los tres es una misma ciudad): el centro histórico, el centro comercial y el centro económico. Volviendo al ejemplo del artículo anterior sobre Los Pueblos, hablemos de París. Podríamos hablar de un centro histórico en la zona de la isla, origen de la ciudad. Allí podemos encontrar entre otros la catedral de Notre Dame. El centro comercial podría entenderse paseando por los Campos Elyseos. Y el centro económico se establece en el barrio nuevo de La Defense. Son tres espacios muy diferentes, y si narramos la vida en esos espacios habría que documentarse bien. No es igual la vida por unas calles estrechas de un centro histórico, que en las anchas avenidas del centro comercial, que en los edificios icónicos del nuevo centro económico. En mi relato he tratado de viajar con el protagonista hacia el centro económico o financiero, partiendo de un barrio residencial de las afueras. Con las reflexiones sobre su intimidad y la estructura de cada zona que pasaba, he tratado de mostrar las distintas opciones que plantea la ciudad. Una misma ciudad tiene mil paisajes distintos, y cada paisaje puede contar su propia historia.

3.- Crecimiento de la ciudad:

        Una ciudad no tiene de origen el mismo tamaño que conocemos hoy en día. A lo largo de la historia ha ido creciendo. El crecimiento lo han marcado las modas, los medios de transporte,… Viajemos mentalmente a Barcelona. Su ensanche se enseña en todas las facultades de arquitectura del mundo. Una cuadrícula casi perfecta con unas diagonales de apoyo. Hay que tener en cuenta que Cerdá fue un adelantado a su tiempo, ya que planeando calles tan anchas y chaflanes, mejoraba la movilidad antes incluso que esto fuera un problema. Difícilmente podremos escribir una novela que ocurra en la Barcelona actual, y no tengamos que pasear por las calles del ensanche.

     Pero la ciudad tiene muchas maneras de crecer. Puede crecer de manera desordenada (pongamos por ejemplo las fabelas que colonizan los alrededores de las ciudades Brasileñas, sin ningún tipo de control ni estructura), o de manera ordenada. Una de las maneras de crecer mas representativas importada de los estados unidos serían las urbanizaciones de las afueras. Cientos de casas con sus terrenos (muchas veces casas clónicas), donde la presencia del coche es imprescindible. Si quieres escribir una distopía realista y aterradora, imagina uno de esos barrios en una sociedad donde no hay otro combustible que la gasolina, y esta escasea. En mi relato el personaje arranca en uno de estos barrios (usando la denominación Sprawl que es como se les llama de manera despectiva).

        Pero estos crecimientos no son solo de hoy en día, siempre han ido creciendo, de manera mas o menos afortunada. Y estos crecimientos se han usado en multitud de novelas como escenario perfecto. Cuando pensamos en un asesino como Jack el Destripador, es difícil imaginarlo en un entorno que no sea Whitechapel (con sus callejones y la sordidez del entorno).

4.- Entorno político y social:

        Pero la ciudad no es solo arquitectura y diseño, también es un espejo donde se refleja la sociedad. En una misma ciudad se dan muchas realidades diferentes. Conviven millonarios con vagabundos, barrios financieros con barrios obreros. Cada espacio y tiempo tiene una historia que contar. Hace poco leía un artículo muy interesante de la escritora Arantxa Rufo sobre Patrick Bateman de American Psycho. El autor narra de manera brillante el ambiente de los ochenta y como era la ciudad donde el capitalismo estaba desmedido, en un entorno de tiburones. Patrick podría ser un trabajador en una fábrica en plena revolución industrial, pero la historia sería completamente diferente.

         La sociedad y la ciudad son dos elementos que se retroalimentan. Podemos crear una ciudad donde se busque la igualdad, o una en la que las diferencias se van marcando cada vez más. Pongamos por ejemplo dos Distopías: Un mundo feliz y 1984. Podríamos hablar del mismo género, pero el entorno en el que ocurre la historia es completamente diferente. El entorno construido en ambos casos es una proyección de la sociedad en la que ocurre.

         No podemos construir una ciudad igual para una distopía donde el control es primordial, que para una historia donde la libertad se respira en cada página. Si quieres escribir una novela en una ciudad, empápate bien de ella (ya sea real o imaginaria), y usa todas sus características en tu beneficio.

5.- La ciudad futurista:

        No quería acabar este artículo sin hablar de las ciudades futuristas. Son un tipo de entorno donde el límite está en nuestra imaginación. Al enfrentarnos a una ciudad del futuro podemos partir de dos premisas muy diferentes: crear una ciudad nueva o basarnos en una ciudad actual.

        Si partimos actual de cero la libertad es total. Podemos imaginarnos el origen de la ciudad, si se trata de una ciudad que ha ido creciendo poco a poco o si ha surgido de pronto. Imaginemos que hablamos de un futuro donde los humanos hemos tenido que colonizar otro planeta porque hemos destrozado el nuestro. Tienes una hoja en blanco donde plasmar tu ciudad. Pero el nuevo planeta, el entorno, la realidad social, los avances técnicos,… tienen que plasmarse en ella. Tienes todo un worldbuilding delante (en el mas amplio sentido de la palabra), y en tus manos está desarrollarlo como quieras. Pero te recomiendo que pienses bien en tu ciudad, ya que servirá para darle verosimilitud a la historia.

         Si decidimos que queremos desarrollar una ciudad existente en el futuro, hay que ser consecuentes con la decisión. Debes conocer bien la ciudad, y pensar los cambios que quieres que ocurran allí. Piensa que el lector tendrá una imagen del lugar y si los cambios no le resultan creíbles es un problema para tu historia. Que la historia ocurra en un lugar conocido le aporta realidad a tu relato futuro, pero puede ser un lastre si no lo construyes bien. Juega con los elementos reconocibles del lugar, y evolucionalos en tu favor. No sirve de nada usar una ciudad actual en el futuro, y que nada sea reconocible. Hay elementos icónicos de una ciudad que, seguramente, pase lo que pase se mantendrán en el futuro. Si vas a hablar de un París futuro seguirán existiendo la Torre Eiffel, El Louvre, Notre Dame,… y si no existen deberás justificarlo. Si ocurriese una guerra, es muy posible que estos elementos se reconstruirían, aunque pueden reconstruirse a tu antojo: un Notre Dame para tu nueva religión, un Museo del Louvre donde el arte es muy distinto al actual,… Juega con esos elementos, te dará mucho juego y te aportará un plus a tu novela.

        Y hasta aquí mi pequeño análisis de las ciudades y su importancia en las novelas. Me he dejado muchas cosas sin contar, muchos elementos importantes, que podemos seguir debatiendo en los comentarios. En estos dos artículos he tratado de basarme en los Pueblos y las Ciudades de nuestro mundo, ya que estoy preparando otros sobre mundos de fantasía. Espero que hayas disfrutado de la lectura, y si quieres seguir al tanto de las novedades de El Constructor de Mundos, no dudes en suscribirte al blog. Seguiremos construyendo mundos juntos.    

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