La mitología de mi infancia

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La mitología de mi infancia

        Saludos, Constructor@s. Como has podido leer en post anteriores (uno de mitología vasca y otro de mitología asturiana), soy un fuerte defensor de la mitología, tanto para contar a los niños como para los adultos:

  • Se trata de historias con un fuerte arraigo cultural en el sitio de donde proceden. Defender la mitología es defender la cultura del sitio, una cultura milenaria que ha ido pasando de padres a hijos gracias a la oralidad, y que no debemos permitir que se pierda.
  • Como la mayoría de cuentos infantiles que conocemos, son historias con moraleja. Cuando hablamos del Sacamantecas o el Sacauntos en muchas regiones de España, es un asesino del folclore que se dedicaba a asesinar a mujeres y niños para arrancarles de la piel las grasas o los untos. Luego asesinos reales han hecho de este mito un personaje aún mas vivo. Se trata de una historia para que los niños no se acercaran a personas desconocidas.
  • Los mitos le aportan un plus a los lugares. Cuando pasees por un bosque, te acerques a una cueva o mires un río, no lo verás de la misma forma si sabes los seres mitológicos que viven en ese lugar. Si eres padre o madre, podrás pasear por los alrededores y contarles a tus hijos cientos de historias sobre los seres que habitan esas tierras. Seguro que esos niños no olvidarán jamas esos espacios mágicos.
  • Todos hemos contado alguna vez un cuento a nuestro hijo, nuestro sobrino, hijos de amigos o incluso alumnos. Qué mejor que contar las historias del lugar y compartir personajes que nada tienen que envidiar a los cuentos de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen.

        Llegados a este punto, te voy a proponer un pequeño juego. Quiero que me cuentes una historia relacionada con la mitología que escucharas de pequeño. Puede ser de cualquier mitología, pero me encantaría que fuera de la mitología de tu lugar, para que entre todos podamos ir haciendo un mapa mental de mitos y leyendas. Y como no hay nada mejor que dar ejemplo, os voy a contar la historia de un ser mitológico que me enseñaron de pequeño y que me ayudó a interesarme por este mundo. Se llama Tártalo y el pastor:

        Érase una vez, un pastor que paseaba con sus ovejas por los prados del pueblo. Cuando vio que se acercaba una tormenta pensó en volver a casa, pero contó las ovejas y se dio cuenta que le faltaba una. Así que se adentró en el bosque con su rebaño para buscar a la oveja perdida. Cuando pasaron cerca de una gruta, salió de ella Tártalo. Era un gigante enorme, con un solo ojo en medio de la cara y una fuerza terrible. Vio al pastor y su rebaño, los agarró con sus brazos y los metió dentro de la gruta. Para que no se escaparan, puso una enorme roca taponando la salida. El pastor trató de escapar, pero de un golpe lo lanzó al fondo de la cueva y le dijo:

Por mucho que lo intentes no vas a poder escapar de aquí. Te voy a poner un anillo mágico. Aunque te escondas con este anillo  te encontraré. No podrás quitártelo. Y ahora déjame tranquilo. Voy a comerme a tu oveja mas sana. Comeré las ovejas una a una, y al final te comeré a ti.

        Dicho esto, acarró a la oveja mas grande, la mató, le quitó la piel y la puso al fuego con una gran barra de hierro. Le dio vueltas y vueltas hasta que estuvo bien hecha, y se la comió de tres bocados. Era una oveja tan grande y sabrosa, que a Tártalo le entró sueño. Se tumbó junto a la roca que tapaba la salida y se durmió.

        Mientras el gigante dormía, el pastor comenzó a pensar cómo escapar. Al ver que Tartalo había dejado la barra de hierro al fuego se le ocurrió una idea. Tomó la barra con las manos. Estaba al rojo vivo en la punta. Con todas las fuerzas que pudo reunir levantó la barra del fuego, se acercó a Tártalo, y de un golpe se la clavó su único ojo. Tartalo comenzó a gritar de dolor. Se golpeaba con todo lo que encontraba a su alrededor. Estaba completamente ciego. Lleno de ira comenzó a gritar al pastor. Le decía que en cuanto le pillara se lo comería vivo. Comenzó tocar a su alrededor, pero solo alcanzaba a las ovejas. El pastor sabía esconderse muy bien. Entonces Tártalo se acercó a la salida de la gruta y quitó la enorme piedra que la taponaba. Se puso de pie y comenzó agarrando lo primero que pudo pillar. Cuando vió que era una oveja, la pasó entre sus piernas y la dejó salir. Con la siguiente hizo lo mismo y poco a poco fue sacando mas de la mitad del rebaño. El pastor estaba aterrado. Sabía que en cuanto sacara a la última oveja, no podría esconderse y acabaría devorado. De pronto vio la piel de la oveja que Tártalo acababa de comer y se la puso encima. Se colocó a cuatro patas y se metió en medio del rebaño. Cuando quedaban pocas ovejas, Tártalo agarró al pastor, tocó su piel de lana y lo pasó por entre sus piernas. El pastor, al verse fuera, comenzó a correr todo lo rápido que pudo.

        Tártalo, cuando sacó la última oveja, supo que el pastor le había engañado y gritó de cólera, pero de pronto sonrió al recordar el anillo que le había colocado. Gritó “¿Donde estás?” y el anillo de pronto contestó  “Estoy aquí”. Al detectar el origen de la respuesta se puso a correr, derribando todos los árboles que se encontraba a su paso. Cada cierto tiempo preguntaba de nuevo “¿Donde estás?”, y el anillo respondía “Estoy aquí”. El pastor trataba de quitarse el anillo mientras corría, pero no podía, estaba completamente unido al dedo. Intentaba taparlo con su mano, pero la respuesta del anillo seguía escuchándose. Por detrás, oía como Tártalo cada vez estaba más cerca.

        De pronto llegó a un precipicio. Bajo él corría un río crecido por las lluvias. Si saltaba se ahogaría, pero si se quedaba allí moriría devorado por Tártalo. Metió el dedo con el anillo en la boca y de un mordisco se lo arrancó. Tomó el dedo ensangrentado y lo lanzó al precipicio. Tártalo, a escasos cinco pasos del pastor volvió a preguntar “¿Donde estás?”, el anillo gritó mientras caía “Aquí estoy”. Tártalo se lanzó al escuchar el anillo tan cerca, sin darse cuenta que frente a él había un precipicio y cayó al río. Desde entonces nunca mas se volvió a ver a Tártalo. Eta hala bazan edo ez bazan, sar dadila kalabazan eta atera dadila herriko plazan (y si fue o no fue así, que entre en la calabaza y salga en la plaza del pueblo, es la frase en euskera con la que solían acabarse muchas historias y cuentos).

        ¿Te ha gustado el mito de Tártalo? ¿conoces mitos similares por tus tierras? Comparte tu mito con nosotros, y de esta manera contribuiremos para que estas historias no se pierdan jamás.

        Espero que te haya gustado esté artículo. Si quieres seguir informado de las novedades del blog suscríbete y recibirás una notificación cada vez que publique algo nuevo, y a su vez recibirás un relato personalizado de regalo.

        Muchas gracias por pasarte por mi blog El Constructor de Mundos. Espero verte por aquí pronto, construyendo mundos entre todos.  

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By |2018-02-03T20:29:20+00:00julio 20th, 2017|Mitología|8 Comments

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8 Comments

  1. Hugo Dragón 20 julio, 2017 at 15:02 - Reply

    Yo soy de la ciudad de Torreón, Coahuila, México. Es una ciudad muy joven (110 años) en comparación con muchas otras. No recuerdo que haya mucha mitología, pues la que conozco es más bien la que leí cuando niño. Preguntaré, sin embargo.

    Esta historia de Tartalo y el pastor me ha encantado. El ingenio del pastor, tomando decisiones duras, es inspirador.

    Gracias por compartir…

    • A.P.Berra 20 julio, 2017 at 18:14 - Reply

      Saludos Hugo
      Gracias por pasarte por mi blog. Ando investigando sobre mitologías americanas, por lo que espero que pronto pueda escribir algunos artículos sobre mitologías al otro lado del charco. Un abrazo, y espero que no sea la última vez que hablemos por aquí.

      • Iaberius Gundisalvi 21 julio, 2017 at 02:10 - Reply

        Mi pareja es mexicana, de la zona del Caribe, y me regaló hace un par de años un libro ilustrado que editaron por allí con cuentos, leyendas y mitos de los mayas. Luego le echo un vistazo y te comento, por si te sirve.

        • A.P.Berra 21 julio, 2017 at 17:00 - Reply

          Estaré esperando el nombre del libro. Las culturas llamadas precolombinas me parecen fascinantes, y me encantaría poder escribir un artículo sobre ellas y sus creencias. Muchísimas gracias.

  2. Iaberius Gundisalvi 21 julio, 2017 at 02:04 - Reply

    Este es un cuento que me contaba mi abuela, y que a ella le había contado su abuelo cuando era niña. Junto a otros cuentos y leyendas, la recogí en Daimiel, pueblo de brujas:

    Hace algún tiempo, cierto hortelano de Daimiel se levantó temprano para ir a la huerta. Agarró su borrico y se puso en camino. Cuando estaba llegando, algo llamó su atención. Había un extraño jaleo junto al pozo. Se acercó con cuidado, rodeando la casilla, y cuál sería su sorpresa cuando descubrió que todo provenía de un montón de gallinas que estaban alborotando subidas en la palanca de la noria. Extrañado todavía por no saber de dónde había salido tanta gallina las intentó asustar, pero lo único que consiguió fue que aumentasen la algarabía como si se estuvieran burlando de él. Entonces fue cuando el hortelano vislumbró la verdadera naturaleza de aquellas ensordecedoras aves.

    -Éstas no son gallinas- se dijo –¡Éstas son brujas!

    Y sin pensárselo dos veces cogió un garrote y se lió a palos con ellas. Resulta que en verdad era un grupo de brujas que andaba enredando por el campo. Pero por una temporada se acabaron sus correrías, porque tras la paliza que les dio el hortelano esa mañana, la que no escapó coja escapó manca.

    Por cierto, alguien hizo un “cortapega” de este escrito y no citó la fuente: ni el libro ni mi blog. Quiero dejar constancia de que yo soy el autor, por si acaso. ;P

    • A.P.Berra 21 julio, 2017 at 16:59 - Reply

      Bienvenido de nuevo Iaberius.
      Me ha gustado mucho el cuento. Hay algunos similares sobre brujas por aquí. PEro, como ya hablamos en su momento, habría mucho que hablar sobre el tema de las brujas. La iglesia y los miedos han dado muy mala fama a las brujas, algo que por suerte en muchos estudios se va desmitificando, dando a las brujas el lugar que les corresponde.
      En cuanto al cortapega del relato, haces muy bien en reclamar tu autoría. Nuestro esfuerzo nos cuesta escribir como para al menos no tener el derecho al pataleo.
      Un abrazo y hasta pronto.

  3. Iaberius Gundisalvi 21 julio, 2017 at 20:07 - Reply

    Algo de lo que me he dado cuenta es que las brujas manchegas se definen por dos cosas: el polimorfismo, su capacidad de cambiar de forma, y su carácter travieso pero no maléfico. En realidad, parecen más cuentos de duendes.

    • A.P.Berra 21 julio, 2017 at 20:25 - Reply

      El polimorfismo es muy común. Era una manera muy extendida de hacer ver que las brujas podían estar por todos lados. Aquí se suelen dividir las historias en dos: donde las brujas son las malas y el cura el salvador, y las que las brujas son buenas y el cura tiránico y malvado. Me encanta esa dicotomía.

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