Cerré la bolsa donde había metido lo necesario y salí al bosque. El rastro que había dejado la bestia era inconfundible. Cientos de árboles estaban arrancados de raíz, dejando despejado el camino por el que se había llevado a mis hijos. Sabía que era cuestión de contrarreloj, por lo que corrí hasta que las fuerzas parecían abandonar mi cuerpo. Me senté, abrí la bolsa y tomé unas tortitas de maíz y una manzana. Mientras las comía repasaba el interior: un gran bollo de pan, un par de antorchas, sal, un pequeño puñal y una caja de tizas. Llevaba muchos años viviendo en aquel bosque y sabía que podría necesitar todo eso.

        Tras el pequeño descanso seguí corriendo hasta llegar al claro. Estaba anocheciendo. La niebla comenzó a bajar por la ladera rocosa, ocultando el paisaje ante mis ojos. Cuando estaba llegando a las puertas de la gruta, unas luces comenzaron a moverse entre la niebla. Quería haber entrado a la cueva antes de que llegaran a mí, pero me fue imposible. Rápidamente abrí la bolsa y saqué una tiza. Comencé a dibujar un círculo a mi alrededor, dejando dos metros entre el centro la línea. Una vez cerrado el círculo, comencé a dibujar los símbolos que me había enseñado mi abuela hacía años con la ceniza de la hoguera. Logré acabar el último símbolo cuando el primer espíritu apareció. Era blanco como la luz de la luna, y sujetaba una gran vela encendida. Tras él llegaron diez más, rodeándome por completo. Pese a su ausencia de ojos, notaba su mirada sobre mí. El espíritu que estaba frente a mí se apartó, dejándome ver un carro fúnebre. El ataúd estaba abierto, esperándome. Cerré los ojos y comencé a invocar los símbolos que tenía a mis pies. Cuando nombré el último, abrí los ojos y los espíritus comenzaron a marchar hasta desaparecer entre los árboles.

        Cuando pude recuperarme de la impresión de lo vivido, tomé de nuevo mi bolsa y me encaminé a la gruta. Encendí la antorcha y me adentré en la tierra. Cuanto mas profundo entraba, mas viciado estaba el aire. Olía a una mezcla de azufre  y putrefacción. Al girar un recodo, me paré en seco. Se abría una gran galería, y en el centro estaba ella, la bestia. Era una serpiente enorme enroscada, con las escamas negras como el carbón y unas grandes alas de murciélago. Respiraba tranquila, dormida. Miré alrededor buscando a mis hijos, y los encontré al fondo de la sala. Estaban tumbados y parecían dormidos. Me alegré de ello, ya que estaban rodeados de los restos de anteriores víctimas de la bestia. Abrí mi bolsa de nuevo. Saqué la hogaza de pan que había preparado antes de salir de casa. Estaba relleno de alfileres de plomo. Lo dejé sobre el suelo y puse la antorcha sobre ella. En cuanto el fuego tocó la corteza, un olor a pan recién horneado lleno la sala. La bestia fue desperezándose, tratando de descubrir de donde venía aquel irresistible olor. Cuando detectó la hogaza se lanzo sobre ella y la tragó de una vez. De pronto, un terrible alarido retumbó en la galería. La bestia se retorcía, y cuanto mas lo hacía, mas agujas se clavaban en su interior. Chillando salió volando de la cueva, perdiéndose entre las nubes. Corrí al fondo de la sala y abracé a mis hijos. Sentí sus frías pieles contra mi cuerpo. No habían sobrevivido a la bestia. Mi grito de dolor superó al de la bestia. Me puse en pié, y con sus cuerpos en mis brazos juré que no descansaría hasta acabar con ella.

        Saludos Constructores. El relato que acabas de leer está basado en dos personajes de una mitología muy rica, la Asturiana. Si la conoces no habrás tenido problemas en reconocer a la Güestia y el Culebre. Si no la conoces ni te preocupes, te voy a presentar unos cuantos dioses y seres mitológicos para que te hagas una idea de lo apasionante que es esta mitología.

Principios de la Mitología Asturiana

        Los orígenes de la Mitología Asturiana se pierde en el tiempo. Como comentaba en un artículo anterior sobre la Mitología Vasca, la Mitología Asturiana tiene sus raíces en el pasado lejano, antes de que el cristianismo cambiara las creencias del lugar. Como ocurre en todas las mitologías, muchos de los seres son autóctonos (creencias de los pueblos astures) y otros están influenciados por mitologías cercanas (gallega, vasca, cántabra), y otras más lejanas (principalmente la mitología celta).

        Los pueblos eran pequeños y con bajo nivel cultural, por lo que igual que en el caso de la mitología vasca, se transmitía oralmente. Los mitos y leyendas pasaban de generación en generación. Muchas historias trataban sobre la naturaleza y los peligros del mundo. Con la llegada del cristianismo, muchos mitos fueron evolucionando, pero gracias a la constancia de los del lugar la mitología ha llegado a nuestros días.

        Dentro de lo complejo que es una mitología, la mayoría de los expertos dividen los personajes en dos categorías distintas. Por un lado estarían los dioses principales, y por otro lado los seres mitológicos o semidioses. Mientras los primeros fueron desapareciendo con la llegada del cristianismo, los segundos han llegado hasta nuestros días. 

Dioses principales

        Eran los dioses más importantes de la mitología asturiana en su origen. Muchas dioses son propios, pero unos cuantos tienen origen en las culturas celtas. Estos dioses estaban relacionados mayoritariamente a las fuerzas de la naturaleza. Unos de los principales dioses astures serían los siguientes:

— Belenos: Dios del Sol, la luz y el fuego. Muchos lo relacionan directamente con el dios Apolo. Podría venir directamente de la mitología celta ya que ellos también tenían su dios Belenos. Se le rezaba para mantener vivo el fuego del hogar, asunto importante ya que en la zona montañesa de asturias las temperaturas invernales son muy bajas.

— Aramo: Dios de los cruces de camino. El sierra de Aramo (sagrada para muchos asturianos) tiene ese nombre en honor al dios.

— Candamo: Dios de la vegetación y las fuentes. Se le solía representar con una serpiente en la mano simbolizando la abundancia y la riqueza.   

Seres Mitológicos

        Estos seres eran semidioses en origen, lo que suele considerarse un segundo escalafón en la mitología clásica. Pero la mitología está viva, y cuando entró el cristianismo en Asturias, la iglesia fue desterrando los grandes dioses paganos. El cristianismo siempre ha sido muy inteligente. Si entraba destrozando las creencias del lugar, se encontraría una gran resistencia en los nuevos territorios. En vez de eso, combatía ciertos dioses, modificaba ciertos mitos y admitía creencias concretas del lugar.

        En Asturias hay infinidad de seres mitológicos. A continuación voy a detallar algunos de los que me parecen los más interesantes:

—Trasgu: Es posiblemente el ser mitológico asturiano más conocido. Tiene muchos nombres, pero el mas conocido es el de Trasgu. Es un duende muy travieso, suele vestir de rojo, con cuernos y gesto burlón. Casi siempre se le representa con un agujero en la mano izquierda. Suele vivir en la estancia donde está el fuego. Cuando está de buen humor puede ayudar en las labores domésticas, pero cuando se enfada o está travieso puede causar grandes destrozos. Suele estar muy unido a la familia, y en caso de que la familia se mude de casa, el Trasgu suele mudarse con ellos. Se da la curiosidad que al vender una casa, solía tratar de venderse con Trasgu incluido, tratando de deshacerse de él, pero era raro que se lograra de esa manera. La manera más común de desprenderse de un Trasgu solía ser pedirle que trajera grano en sus manos. Como el grano se le escapaba por el agujero de su mano, solía irse enfadado. En cierta manera podía estar emparentado con los Galtzagorri vascos, pero estos eran más pequeños, solían ser más amigables y colaboraban más en las tareas domésticas.

—Güestia: Me voy a detener un momento a analizar este impresionante mito. Es de los mas potentes que conozco (incluso visualmente), y puede ser de gran inspiración para los escritores (es más, en mi primera novela no pude resistirme a incluirla en más de un pasaje). Se trata de una comitiva de espíritus, almas en pena, con túnicas blancas y capuchas que ocultan su rostro. Normalmente suelen ser nueve almas, con una en cabeza y el resto en fila de dos. Tienen una función primordial, que sería anunciar la muerte de las personas a las que les hacen la visita, y para ello llevan su ataúd con ellos. Suelen llevar grandes cirios encendidos con forma de huesos. En muchos pueblos se cuenta que la comitiva está formada por los espíritus de los familiares de la persona a la que van a anunciar su muerte. La manera de librarse de la Güestia suele ser dibujando un círculo con una cruz o una estrella dentro, y manteniéndose dentro del círculo con los ojos cerrados. Una variación tétrica de la Güestia cuenta que el que encabeza la comitiva es una persona viva maldita. Va adelgazando poco a poco hasta morir, si no logra pasar la maldición a otro.

—Cuélebre: Se trata de una serpiente inmortal enorme. Con el tiempo las escamas se le vuelven aún mas duras, va tomando un tono negro y le salen unas alas de murciélago (con lo que se asemeja a los mitos de dragones). Como ocurre con los dragones, suelen proteger un gran tesoro. Se dice que para acabar con la Güestia hay que darle de comer piedras al rojo vivo o panes rellenos de agujas (como has podido leer en el pequeño relato de presentación). También se suele decir que la Güestia vive en el agua, y se encarga de vigilar a las Xanas para que no escapen.

—Xanas: Serían lo que en otras mitologías se llaman ninfas. Tienen una relación directa con las fuentes, los ríos y las cascadas. Suelen peinarse con sus peines de  oro, igual que ocurría con las Lamia vascas. Hay mitos en las que son bondadosas y otras en las que son vengativas. Suelen tener relación directa con las Cuélebre, ya que muchas veces estas serpientes gigantes las vigilan para que no escapen. Se comenta que suelen esconder grandes tesoros, y aparecen cuando un joven se asoma a beber al río.

—Pataricus: Son gigantes que viven en una isla llamada Eonavia, que sitúan mar adentro frente a las costas asturianas. Cuentan las leyendas que los barcos que sufren naufragios acaban encallando en las costas de Eonavia. Los Pataricus, como desconocen el fuego, atrapan a los náufragos que sobreviven y se los comen vivos. También se dice, que como reciben todos los barcos naufragados, tienen enormes tesoros escondidos en su isla. Se les describe como gigantes de un solo ojo, como los cíclopes clásicos.

         Estos que he descrito son solo unos pocos de los seres mitológicos que han poblado las tierras astures. Si quieres saber un poco más sobre estos maravillosos semidioses, te dejo un breve documental del canal Historia sobre la mitología asturiana:

        Y hasta aquí mi primer artículo sobre la mitología asturiana. Como habrás podido ver, está poblado de personajes que pueden servir de inspiración para grandes historias. Los mundos de fantasía están mucho más cerca de lo que piensas.

        Y tú ¿conoces algún mito asturiano? ¿cual es el ser mitológico que mas te gusta? coméntame lo que quieras y seguiremos profundizando en este maravilloso universo. Y no dudes en suscribirte a mi blog, para estar al día con las novedades. Y con la suscripción podrás participar en un juego literario. Puedes ver el resultado de dicho juego en el relato Hiro y la magia. Nos vemos pronto en El Constructor de Mundos.

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