Atlántida (I): El continente perdido

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Atlántida (I): El continente perdido

        Tenía los ojos cerrados. No se atrevía a mirar lo que se encontraba a su alrededor. Su mente pedía que por favor se encontrara en el garaje, dentro de su coche; pero su corazón deseaba encontrarse de nuevo en aquel extraño lugar con el que soñaba cada vez más a menudo, sueños en los que se repetía una palabra una y otra vez: Ayuka. Comenzó a poner atención a sus sentidos. A su oído llegaba un suave susurro de agua. No se encontraba en su garaje. En su cara sentía una leve brisa. A su nariz llegaba un aroma parecido al salitre. Los rayos de sol calentaban su piel suavemente. Pese a tener los ojos cerrados sabía que había mucha más luz de la que había hasta hacía unos instantes dentro de su coche. Decidió abrir los ojos muy lentamente. Se fue acostumbrando poco a poco a tanta luminosidad, y lo que iba descubriendo la dejaba sin habla. Se encontraba en la cima de una pequeña montaña, quizás no más que una leve colina. Y allí abajo veía una ciudad. Pero no era una ciudad normal. Cinco canales radiales cruzaban la ciudad con centro en la colina donde ella se encontraba. Cada canal contaba con una alta muralla hecha con distintos materiales. Todas las casas eran blancas, con no más de tres pisos por edificio. Las calles parecían llenas de vida, pese que desde allí no podía diferenciar la silueta de una persona, era más una masa en continuo movimiento. Dio media vuelta, y sus ojos se encontraron con un grandioso templo. Todo estaba construido con algo que parecía mármol blanco conjugado con otro mármol negro. Le recordaba vagamente a los templos que vio en su viaje a Atenas, pero a escala mucho mayor. Era algo así como varios templos entrelazados, coronados por un templo superior. Daba una sensación de ingravidez casi de película. Parecía que los materiales no pesaran, sino que estuvieran dibujados en un gran lienzo presentado ante sus ojos. Se acercó lentamente a la escalinata de uno de los templos inferiores. Rozó con su mano la piel de la piedra. Era un tacto muy liso, pero sin la frialdad del mármol, era una sensación cálida. Decidió sentarse y meditar. En cuanto se sentó, una candidez desconocida recorrió su columna vertebral. Se sintió como ella creía que deberían sentirse los pobres labradores de las afueras de París cuando se adentraban en Notre Damme, o como se sentiría un pobre mensajero de un rey lejano cuando se adentraba en San Pedro para entregar un mensaje al Papa. Notaba que el cuerpo le pesaba mucho. Se fue recostando sobre la piedra, ampliando aún más si cabe la sensación de paz. El cielo azul sobre su cabeza parecía ir variando de color cuanto mas se recostaba sobre la escalinata. Al final se tumbó completamente, apoyando la cabeza. Tenía miedo de cerrar los ojos por si al abrirlos se encontrara de nuevo en el garaje sin entender absolutamente nada, pero no pudo evitarlo, cayendo en una somnolencia extraña.

         Sin saber cuanto tiempo había pasado desde que cerró los ojos, algo le despertó de ese pequeño letargo. Era aquella dichosa palabra que volvía a su mente, AYUKA. La escuchaba aun muy lejana, pero notaba que se iba acercando poco a poco. Quería abrir los ojos para ver si se encontraba ya de nuevo en su garaje, pero no podía. Aun así, por la paz que notaba en su espalda, y la luminosidad sobre su cara, supo que seguía en aquel extraño lugar. La voz se iba acercando cada vez más. AYUKA, AYUKA. A medida que la voz se acercaba, notaba que salía de aquel sopor. Fue abriendo lentamente los ojos. Se fue incorporando. Aún confundida, trató de acostumbrar la vista a la luz. La voz ya se encontraba detrás de ella. Dio media vuelta. Y allí lo vio. Era un hombre muy hermoso, vestido con una especie de túnica azul con una cinta roja en la cintura. Se fijó en su rostro. Le recordaba a alguien. No. No podía ser. Era igual al joven historiador que la había hipnotizado tiempo atrás. Más que igual que él, ella diría que era él. Se quedó mirándole los labios, y de ellos salió una sola palabra. AYUKA. Entonces comprendió algo. Comprendió el significado de aquella palabra: AYUKA. Ayuka era ella. Y la oscuridad volvió…

        Saludos y bienvenid@ a El Constructor de Mundos. Este texto que acabas de leer es un pequeño extracto de las primeras páginas de mi primera novela Atlantis. Es una novela que escribí hace unos cuantos años y la publiqué en una especie de red social para escritores y lectores, buscando lo que años más tarde he descubierto que se llamaban lectores cero. En aquella época ni soñaba en poder escribir, y el texto aún requeriría mucho trabajo. Pero lo he traído aquí como muestra de lo que trato de enseñar en este blog, que la mitología es una maravillosa fuente de inspiración para los escritores. Como habrás podido adivinar por el nombre de la novela, en la trama tiene mucha importancia un continente “perdido” que me apasiona desde pequeño, y sobre él quiero hablar en este artículo. Estoy hablando de la Atlántida.

        El mito de la Atlántida puede que sea uno de los más conocidos que existe, y uno de los que más ríos de tinta ha provocado. Toda su historia es apasionante, y de gran interés para cualquier escritor que busca inspiración. Es por ello, que he divido el artículo en dos mitades. En la primera parte hablaré sobre el mito en sí, desde su origen, descripción, y distintas teorías que ha provocado. La segunda parte (que espero poder publicar la semana que viene) será más personal. Hablaré sobre lo que ha supuesto el mito de la Atlántida para mí, y de como los distintos factores y elementos del mito pueden servir de inspiración a los escritores, como así me ocurrió a mí. Así que, comienzo a hablar de la Atlántida:

El origen del mito:

        Si hiciera una encuesta sobre la Atlántida, todo el mundo sabría más o menos de lo que estamos hablando. Pero si hablo del origen, no tanta gente sabe que el culpable de que este mito haya llegado a nuestros días es uno de los mayores filósofos de la historia de la humanidad: Platón.

        Platón, en sus diálogos Critias y Timeo, habla de un viaje que hizo Solón (uno de los siete sabios de Grecia) a Egipto. En él, le hablaron de una antigua civilización que dominó buena parte de la geografía conocida, los Atlantes. Según le contaron, vivían en una enorme isla más allá de las columnas de Hércules, lo que hoy en día llamamos el estrecho de Gibraltar. Datan su presencia 9.000 años antes de el viaje de Solón, con lo que estaríamos hablando Eran muy avanzados tecnológicamente y dominaban la navegación. Según le explicaron, conquistaron buena parte de lo que hoy conocemos por Europa, pero al llegar al lugar de los Atenienses, estos les plantaron cara. De pronto, en un solo día y una sola noche, desaparecieron engullidos por el mar víctimas de grandes catástrofes naturales nunca conocidas. Pese a lo increíble de la historia, Platón da por real la existencia de la Atlántida, y así lo dejó escrito en sus diálogos.

Historia y descripción de la Atlántida:

        Según cuenta Platón, vivía en la isla de la Atlántida un hombre llamado Evenor. Era una isla que correspondió a Poseidón en el reparto que los dioses hicieron de la tierra. Evenor tuvo una hermosa hija, llamada Clito. Poseidón se enamoró de ella, y para protegerla (aunque ya sabemos que en la mitología griega los dioses no tenían muy en cuenta la opinión de la mujer), la situó en una colina de la isla, y creó tres anillos de agua. La “feliz” pareja tuvo diez hijos (según dicen, nacieron gemelos, de dos en dos, y parece que todos eran chicos). El mayor de todos era Atlas, y a él lo pusieron como cabeza de la Atlántida, aunque cada hermano controló una décima parte de la isla. Era una isla muy rica en fauna, flora, y materias primas (donde destaca el Oricalco, una especie de aleación natural de cobre). Se habla que los Atlantes dominaban a los caballos, y en un lugar primordial de la isla existía un gran hipódromo. Cada cierto tiempo, los diez hermanos se juntaban en paz y tomaban decisiones conjuntas, siempre llevando la voz cantante Atlas. Generación tras generación se mantuvo este sistema equilibrado, con los descendientes de Atlas como superiores. Pero dicen que debido a que generación tras generación la marca genética de Poseidón se fue perdiendo, los gobernantes atlantes fueron volviéndose cada vez más humanos y más ambiciosos. Es en este momento cuando deciden salir de la isla y comenzar a invadir toda la tierra conocida. Llegan hasta Grecia y Egipto, pero los Atenienses los derrotaron. Los dioses, viendo la soberbia y la ambición de los Atlantes, decidieron castigarles, y en un día y una noche como nunca antes conocida, borraron del mapa la Atlántida y a todos sus habitantes. 

        Hasta su desaparición, allá por el año 9.600 a.c. la Atlántida era la sociedad más desarrollada del mundo. Mientras que en toda Europa no existían más que pequeñas tribus recolectoras, la Atlántida era una gran ciudad desarrollada. Tenía los círculos concéntricos que creo Poseidón, y ellos sumaron un gran canal central que unía dichos círculos con el mar. Cada círculo poseía una enorme muralla que hacía inexpugnable la ciudad. Cada muralla era de un material distinto, y la interior se supone que estaba realizada en Oricalco (material mitológico parecido a una aleación del cobre, que era más valioso que el oro). Del canal circular exterior surgían unos pequeños canales perpendiculares que usaban los atlantes para irrigar sus ricas tierras.

Teorías sobre la Atlántida:

        Hasta aquí podría hablarse de lo descrito por Platón en sus escritos. Esta historia, que ha llegado hasta nuestros días, ha sido la causante de innumerables teorías sobre la existencia de la Atlántida y su ubicación. Saltándome las ideas más descabelladas, voy a explicar las teorías más interesantes sobre este mito:

  • La Atlántida es un mito que se inventó Platón para hablar sobre la sociedad y la ambición. Nos habla de su existencia gracias a la mano del dios Poseidón. Narra una sociedad rozando lo idílico, hasta que la naturaleza del hombre la pervierte y los dioses tienen que acabar con ellos. No hay que olvidar que la mitología no ha sido sino la manera en la que los seres humanos hemos tratado de explicar la realidad que vivimos.
  • La existencia de la Atlántida es una mitificación de la cultura minoica. Era una cultura situada en origen en la isla de Creta, muy adelantada si la comparamos con sus vecinos europeos. No hay que olvidar por ejemplo, que el mito del Minotauro tiene su origen en el palacio laberíntico de Cnosos. Se sabe que entorno al 1628 a.c. el volcán de Tera (lo que hoy en día se conoce como Santorini) explosionó con gran virulencia, lanzando a la atmósfera gran cantidad de ceniza, y causando enormes maremotos. Es cierto que la cultura minoica no desapareció como la Atlante, pero no logró recuperarse de aquellas catástrofes naturales.
  • La Atlántida fue una isla que sirvió de nexo de unión física entre Europa y América. Antes que se conociera la existencia de la Pangea primigenia y la deriva de los continentes, era la explicación más lógica a la existencia de animales y plantas tan parecidos a uno y otro lado del Atlántico (o mar de los Atlantes)
  • La ubicación exacta de la enorme isla ha sido siempre el mayor de los misterios (en el hipotético caso de haber existido, claro). La única referencia que nos dejó Platón es su presencia más allá de las columnas de Hércules. Esto lo dejaría en el océano Atlántico (muchos han buscado su presencia en las islas Canarias o las Azores). Otra teoría que han desarrollado distintos científicos habla que estaría situada en el lugar que conocemos como parque de Doñana. A esta última teoría hay que unirle que los mismos dicen que el nombre de Cádiz vendría del nombre del hermano gemelo de Atlas, Gadiro.
  • Dejo para el final la teoría más curiosa con la que me he encontrado y la que provocó que comenzara a imaginar la trama de mi novela Atlantis. Según esta teoría, en la Atlántida está situada la solución al misterio del origen del Euskera (no me dirás que no es una teoría muy romántica e inspiradora).

          Y hasta aquí la primera parte sobre el mito de la Atlántida. Yo, personalmente, estoy convencido que la Atlántida nunca existió, pero me gusta creer que nuestro mundo y nuestra historia se guarda muchos secretos que aún tenemos por descubrir.

       ¿Tú que opinas? ¿Existión la Atlántida? ¿Conoces otras historias unidas a esta isla que desapareció una noche en el mar? Déjame un comentario y comparte tus vivencias sobre este fantástico mito con nosotros. Y no dudes en suscribirte al blog si te interesan mis contenidos.

        Un fuerte abrazo, y nos vemos en breve con la segunda parte sobre la Atlántida y muchos otros temas en El Constructor de Mundos

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By |2018-06-30T19:37:06+00:00septiembre 7th, 2017|Mitología|0 Comments

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