El entorno enriquecedor de nuestras historias. El paisaje (I)

//El entorno enriquecedor de nuestras historias. El paisaje (I)

El entorno enriquecedor de nuestras historias. El paisaje (I)

        Cuenta la leyenda que Amalur, la diosa creadora de vida, formó una esfera perfecta enorme a la que llamó Tierra. Se dio tres días para finalizarla, así que se sentó sobre ella y comenzó a pensar en cómo darle vida a todo aquél espacio vacío. Primero pensó en que el océano cubriera toda la superficie. El agua es la chispa que hace falta para que haya vida, por lo que un planeta de agua sería lo ideal. Pero enseguida se dio cuenta que si cubría todo de agua, toda la vida ocurriría bajo el mar, y no podría haber vida en la superficie. Así que cambió el plan, y pensó en hacer un planeta lleno rocas gigantescas que formaban grandes montañas. Le gustó la idea, ya que podría ver toda la superficie llena de vida, pero le faltaba la magia del horizonte infinito que se dibuja en el mar. Además, fue consciente que en un planeta rocoso, los animales no tendrían mucho para comer. Es por ello que tras pararse a pensar de nuevo, imagino el planeta como un bosque infinito. El bosque es un lugar mágico, lleno de luces y sombras, donde los seres vivos estarían en armonía. Pero tanta vegetación necesitaría mucha agua, y en un planeta lleno de plantas y árboles no sería fácil encontrarla, así que descartó la idea, yéndose a dormir frustrada.

        A la mañana siguiente, llena de fuerzas, siguió con su reto. Imaginó un mundo lleno de ríos que atravesarían la piel del planeta como infinitos vasos sanguíneos. Los ríos se llenarían de vida, y los animales se acercarían a ellos para beber y alimentarse. Pero un río es un conjunto de agua en movimiento que fluye hacia un lugar, y un planeta con ríos eternos no tendría sentido. Así que se tumbó mirando al horizonte y pensó en cómo poder realizar un espacio mágico, donde el horizonte se dibujara aún mas bello que en el mar. Tomó un poco del material original del planeta y lo lanzó al aire, viendo el movimiento de las partículas. Entonces, en su mente se formó una imagen de un planeta lleno de arena, donde todo sería cambiante, y las montañas se irían formando y moviendo gracias al viento. Pero enseguida se dio cuenta que en un lugar así la presencia de agua sería un problema, y con ello, la presencia de seres vivos estaría amenazada. Así que frustrada, sabiendo que solo tenía un día más, se acostó y durmió.

        Y por la mañana del tercer día, descansada y con la mente despierta, Amalur encontró la solución. Le gustaba un planeta de océanos infinitos, pero también de altas montañas de cumbres nevadas. Sería increíble un espacio de bosques infinitos, y la idea de los ríos como venas de agua le entusiasmaba. Por último, la idea de un espacio mágico donde partiendo de un elemento tan simple como un grano de arena se lograrían colinas que se moverían al son del viento le hipnotizaba. Y fue consciente que no estaba enfocando el problema de la manera correcta. Todos aquellos planetas que imaginaba eran fascinantes, pero imperfectos. La perfección solo se lograría mediante la conjunción equilibrada de todos los elementos. Crearía un único planeta donde todos esos elementos coexistirían en perfecta armonía. Orgullosa, Amalur miró al infinito y supo que iba a construir el planeta perfecto.

       

        Buenos días y bienvenid@ de nuevo a El Constructor de Mundos. El mito que acabas de leer se basa en la figura de Amalur, la diosa creadora de vida de la mitología vasca (puedes leer aquí un artículo sobre esta mitología apasionante). Pero aclarar que es una historia completamente inventado por mí. Como vengo diciendo en mis artículos, la mitología es una maravillosa fuente de inspiración para que los escritores plasmemos nuestras historias y nuestras ideas. Es por ello que he decidido usar su figura (con su permiso) como punto de arranque de una serie de artículos sobre una faceta a veces no muy bien tratada por los escritores en nuestro worldbuilding o construcción de mundos: el paisaje de la novela o su ubicación física. 

        El paisaje, el entorno donde ocurre una novela, está muchas veces infravalorado. Se centra mucho el foco del worldbuilding en los personajes y en la trama, y se dejan otros factores que pueden darle realismo y verosimilitud a la historia. Eso ocurre muchas veces con el paisaje. Puedes leer libros que si le cambias la ubicación no cambiaría nada en la historia, y considero que es una pena, ya que el lugar, el clima, la luz,… aportan mucho a una trama. Es por ello que he decidido escribir una serie de artículos sobre la ubicación de una historia, del que este que estás leyendo es una introducción. Quiero demostrar que el paisaje puede ser un elemento primordial en cualquier historia. Me gusta usar la palabra paisaje por encima de ubicación, ya que mientras que ubicación me recuerda a un punto concreto donde ocurre la acción, mi idea de paisaje suma a ese punto todo el entorno que le rodea hasta donde se pierde el horizonte. En futuros artículos profundizaré en los distintos paisajes, pero aquí (como anticipo) una serie de ideas que trabajaré:

  • El mar: Puede que sea porque nací y crecí en San Sebastián, y el mar siempre ha sido parte indispensable de mi vida, pero este paisaje me parece una fuente interminable de historias. Una de las riquezas de este elemento es lo cambiante que es. No tiene nada que ver un paisaje con un mar en calma, que otro con un mar completamente embravecido. Piensa en una misma historia: Un náufrago en una barca en medio del mar. Si la mar está en calma nos inspira ciertas ideas (la inmensidad de un plano infinito, la angustia de la calma, la quietud, la soledad,…). Pero este mismo náufrago, en la misma barca, pero en un mar tormentoso nos inspira otras ideas (luchas por la supervivencia, la angustia por caer al mar, miedo, ventiscas, montañas de agua que convierten la barca en un elemento insignificante…) Ves como con un mismo protagonista, y en el mismo elemento, puede cambiarse completamente la historia si sabemos usar el paisaje a nuestro favor.
  • La montaña: Otro elemento que me viene de cuna (es muy difícil separar los conceptos vasco y montaña). La montaña puede ser un elemento de paisaje, ya que por altura suele ser lo último que vemos en muchos paisajes. Pero puede adquirir un gran protagonismo en las tramas. Voy a poner un ejemplo de un libro que me ha maravillado hace poco: La caja de Bernit (puedes leer su reseña aquí). En un momento dado de la novela, el gran Pablo Ferradas nos habla del Monte Artefactum. Es una montaña llena de trampillas donde viven los gnomos, y sus laderas están llenas de artefactos descartados (por no funcionar, o porque los gnomos olvidaron su utilidad). Es un pequeño pasaje en la trama, pero la formación de este paisaje crea un hábitat apasionante que bien merecería su propia historia. Por no hablar de los pasos estrechos que las montañas crean. La historia de 300 no sería igual sin el paso de las Termópilas. Ni el señor de los anillos sería lo mismo sin la batalla del abismo de Helm (por no hablar del Monte del Destino, claro). El mundo no sería igual si fuera plano, y lo mismo debería ocurrir en tu historia.
  • El bosque: Son un elemento que aportan una atmósfera especial a las historias. Suelen tener su atmósfera misteriosa, y aportan la fuerza y la belleza de la naturaleza. Son lugares muchas veces vírgenes, donde las personas son elementos ajenos al lugar. Un ejemplo podría ser El Bosque de M. Night Shyamalan, donde personifica el peligro y el miedo a lo desconocido. Es un buen ejemplo de cómo usar el paisaje al beneficio de la historia, ya que podría decirse que es un personaje más de la trama. En los cuentos infantiles era usado como lugar donde vivían los seres mágicos (duendes, gnomos, brownies, los Ent…), pero también como fuente de peligros, ya que los cuentos solían usarse como lecciones para los niños. Aprovecha la atmósfera que se crea en un bosque para aportar esa magia de la naturaleza a tus escritos
  • El desierto: Si hay sobre la faz de la tierra un paisaje que es muy bello visto desde fuera, pero muy peligroso en él, sería el desierto. Si ubicamos una historia en el desierto hay elementos que marcarán seguro la trama: El calor, la falta de agua, la movilidad de las dunas, la dificultad de orientación. Son elementos propios del medio, pero que sabiendo utilizarlos, aportan mucho a la trama. Si has visto la película de Viggo Mortensen Hidalgo: Océanos de fuego, te puedes hacer una idea de lo que el desierto puede aportar.
  • El río: El río suele unirse a ser fuente de la vida. Si viajamos a la biblia, el origen de los 10 mandamientos está cuando Moisés es abandonado en el río y gracias a ello, logra ser criado por la familia del faraón. Pero también puede ser fuente de muerte. Gracias a la gran Agatha Christie, hemos aprendido que un crucero por el Nilo no siempre tiene por qué ser apacible. Así se demuestra que con un mismo elemento físico (el río) pueden crearse tramas diametralmente opuestas. 
  • El espacio: Es un paisaje unido a la ciencia ficción, pero cuando escriba el artículo mostraré cómo cualquier trama y género puede tener cabida en el espacio. El espacio exterior tiene ciertas connotaciones que hemos ido aprendiendo con el tiempo: peligro, vacío, soledad, inmensidad. Pero también es un lienzo en blanco, donde nuestro arte para el Worldbuilding o la construcción de mundos puede crear lugares apasionantes. Esa es justo la fortaleza de crear una historia en el espacio, nos permite jugar con leyes que en nuestro planeta no podrían alterarse.

         Estos son los elementos que analizaré en sucesivos artículos monográficos. Trataré de demostrar, mediante las explicaciones y los ejemplos, que el Paisaje es un elemento muy importante en nuestra historia, y que todo género tiene cabida en cada paisaje concreto. 

 

        Y hasta aquí el artículo de hoy de El Constructor de Mundos. Es solo la primera piedra de un análisis más profundo que espero que te interese. Y tú ¿Que paisajes usas en tus novelas? ¿Hay algún paisaje en concreto que estás trabajando y te gustaría que hablara de él? Contéstame en los comentarios, y prometo escribir un artículo sobre el tema. Como siempre te digo, no dudes en suscribirte al Blog rellenando el pequeño formulario colocado en la parte superior derecha, si quieres conocer las novedades de El Constructor de Mundos. 

        Un fuerte abrazo, y hasta pronto.               

Guardar

Guardar

Guardar

By | 2017-09-21T12:25:35+00:00 septiembre 21st, 2017|La Construcción de mundos|2 Comments

About the Author:

2 Comments

  1. Iaberius 12 octubre, 2017 at 00:16 - Reply

    Últimamente me da la sensación de que hay un rechazo generalizado hacia el empleo de la descripción en las novelas, sobre todo de la descripción de lugares. He leído críticas a las profusas descripciones que Tolkien hace del paisaje en El Señor de los Anillos. Y, sin embargo, la novela de Tolkien es lo que es gracias a que el autor es capaz de hacernos sentir la soledad de las colinas de Eriador, la atmósfera malsana de las Ciénagas de los Muertos, el agobio creciente que se siente al adentrarse en el Bosque Viejo, la vastedad de las praderas de Rohan, con un horizonte inalcanzable, o la desolación de la llanura de Gorgoroth.

    Es muy posible que se deba a que ahora tenemos unos medios audiovisuales con los que tenemos el mundo al alcance de la mano; hay revistas, documentales, películas, videojuegos… Sin embargo, antaño, la gente necesitaba, exigía, las descripciones para saber cómo era el lugar donde transcurría la acción de las novelas y los relatos. Ahora hay gente que ha visto las películas de Peter Jackson y ya sabe cómo es la Tierra Media. Pero claro, esa es la Tierra Media de Jackson, no la de Tolkien, ni la que yo me imagino en mi cabeza. Para mí, olvidarse del espacio, no prestar atención al paisaje, es una pérdida. Sobre todo porque de la mano del espacio viene la atmósfera, que es algo esencial. ¿Qué sería de tantos relatos de Lovecraft sin esas inquietantes descripciones de las tierras del interior de Massachusset?

    A veces, una novela no se puede separar de su paisaje. La Regenta es Vetusta (Oviedo), y no se puede entender sin que sea Vetusta. Igual que Cien años de soledad es Macondo. Otras veces, el paisaje es indispensable para la trama y acompaña a los personajes, como en el Quijote.

    Llego con retraso. Pero estaré atento a esta serie de entradas sobre el paisaje.

    Un saludo

    • A.P.Berra 12 octubre, 2017 at 17:01 - Reply

      No puedo más que afirmar cada palabra que has dicho. no se puede explicar mejor. Puede que haya historias en las que el paisaje no sea tan necesario (aunque afirmo que siempre les da un plus), pero parece que las descripciones hoy en día se entienden como interrupciones de la acción, y no tiene por que ser así. Tienen que tener su medida y estar muy bien estructuradas, pero enriquecen mucho un libro y hacen que puedas llegar a respirar su aroma a través del papel. Un fuerte abrazo y seguiremos hablando seguro.

Leave A Comment